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La población ocupa el extremo meridional del Valle de Seta, y el término se extiende entre el mismo valle y el de Travadell. Tanto el nombre de Gorga como el de los dos valles aparecen escritos en numerosos documentos desde el Siglo XIII como consecuencia de herencias, donaciones y otras decisiones testamentarias, y casi siempre van unidos a sitios de Barxell y Xirillent, en término de Alcoy.

La configuración del terreno está salpicada de numerosos barrancos, fallas y depresiones que dotan al término de grandes relieves que caracterizan la irregular superficie de bancales con plantaciones de árboles frutales como el melocotón, cerezas, que consigue por estas comarcas altísimas cotas de calidad reconocida en los mercados de todas partes, además de almendros y de olivos, cuyo producto supone un resultado del más alto reconocimiento a cualquier nivel.

El río Seta, o río de Gorga, hondo, sinuoso y magnífico, conecta el valle de su nombre con el de Travadell donde desagua en el margen derecho del Serpis que baja de Alcoi.

MONUMENTOS

En la Plaza Mayor sobresale el palacio que fue de los Marquesas de Ariza, cono su escudo de piedra coronando un robusto portalón. Este palacio era la entrada de la antigua población de Gorga que se extendía hasta “l’Ereta”.

Otro hermoso monumento es la Iglesia Parroquial dedicada a Nuestra Sra. De la Asunción, construida en 1742, de estilo renacentista neoclásico. Destacan en su interior la imagen de la patrona la Madre de Deú de Gràcia, talla de madera policromada, el órgano de tubos de viento y un retablo llamado de las ánimas atribuido a Juan de Juanes.

ACTIVIDADES ECONÓMICAS

En sus tierras se cultivan principalmente olivos, almendros y frutales, en especiales melocotoneros. En cuanto a la ganadería, encontramos granjas avícolas y ganado lanar y caprino.

INSTALACIONES DEPORTIVAS

En la actualidad la población cuenta con una pista polideportiva, una piscina, frontón y un campo de fútbol 7, una pista de Squash y una de padel.

Gorga, por Joaquim Genís Cardona.

La sierra de Serrella es el gran telón de fondo sobre el que se levanta cada día el sol hasta iluminar los confines del término de Gorga. El casco urbano se extiende por apenas dos calles que discurren paralelas al cauce del pequeño barranco del Còssi que baja desde la sierra de Balones.

Las casas, preferentemente de fachadas blancas y tejados ocres oscurecidos con el paso del tiempo, tienen chimeneas que lanzan al cielo suspiros de fogatas alimentadas con troncos de olivos, almendros y melocotoneros, los principales artífices de un paisaje que cambia de vestimenta según la estación del año.

Desde el alto de Millena, por la carretera que viene de Cocentaina, Gorga aparece de súbito a los pies del viajero que entra al Valle de Seta.

El río Seta apenas se insinúa como una gran cicatriz entre campos de olivos y frutales abancalados en escalera que descienden plácidamente desde lomas y montículos, donde no es difícil adivinar viejas carrascas y olivos milenarios como teselas más oscuras de un mosaico dominado por los diversos verdes y los ocres otoñales. En primavera, la floración de almendros, cerezos, melocotoneros y otros frutales tiñe el valle de tonos rosados serenos, silenciosos, plácidos.

La iglesia de la Asunción, con su campanario austero y elegante, se levanta a mitad del cuerpo de la villa y constituye el centro neurálgico de esta sociedad de poco menos de 300 habitantes. El templo cobija la imagen de la Patrona, Nuestra Señora de Gracia, uno de los múltiples ejemplos de las ‘Marededeus’ aparecidas que jalonaron la Reconquista de las tierras valencianas por el Rey Jaime I.

Amantes de su ‘Mare de Deu de Gràcia’ y de su historia, los habitantes de Gorga celebran sus fiestas patronales el primer fin de semana de Septiembre, el principal rito colectivo de cada año, junto con las de Sant Blai en febrero que organizan los jóvenes. El pueblo tiene su banda de música, «El Delirio», fundada en 1921, y actualmente forman parte de ella vecinos de Gorga y de diversas poblaciones del valle de Seta.

Atrás quedaron los legendarios gallos de corral que dieron fama a la villa a principios del siglo XX en la Exposición Regional de Valencia. De las grandes extensiones de viñas, arrasadas a causa de la filoxera hace un siglo, apenas quedan vestigios, aunque actualmente se ha recuperado el cultivo de la vid y la elaboración de vinos. Muchas casas conservan aún las bodegas donde se guardaba el vino elaborado en diversos lagares que desaparecieron a mediados de los años 60. La principal actividad económica, junto cono la agricultura, se ahora la cría de aves en granjas que se levantan diseminadas por el término afeando el paisaje. Ya nadie tiene animales de carga y labor en sus casas y hace décadas que desaparecieron las eras donde se trillaba el trigo y otros cereales. Entonces, cada familia amasaba su ración de pan y las mujeres lo llevaban sobre la cabeza al horno del pueblo para cocerlo. Hoy el horno subsiste en manos de la misma familia de panaderos. Ahora fabrican pan para casi todos los pueblos del valle y elaboran unas pastas caseras de ensueño, un soplo de placer que recuerda sabores y olores de aquellos moros y moriscos que llamaron a Gorga «lugar de aguas».

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